Todavía recuerdo la emoción con que dije "Chau, nos vemos en febrero". Ya empezó febrero y junto con él volví al trabajo, como muchos/as. Enero pasó por mi vida como un relámpago de cachetadas. Las dos mellijas me quedaron moradas de tantos golpes. Hacía rato que no deseaba terminar algo como ayer. No veía la hora de que pasara enero para poder arrancarlo del calendario y de mi vida. Ahí está, seguro que todavía sobrevive en el tacho de basura, hecho un bollo, arrugado, como guiñándole el ojo a mi suerte e invitándola a descansar un mes más.
Junto con febrero llegó el cambio, el mío. Para empezar cambié mi jornada laboral y desde ahora trabajaré en el turno tarde. Esto me está costando horrores porque siempre disfruté llegar al trabajo a la mañana, encontrar la oficina sola y ponerme a limpiar para sentir el rico olor a "Blem", café y/o mate. Además, trabajar en el turno mañana te permite disponer la tarde de otra forma: salir con amigos/as, novio/a, ir al gimnasio, estudiar, dormir siesta. Fue mi elección, pero más que nada porque decidí seguir estudiando, y ante las posibilidades de turno mañana o noche, no tenía más opción que marcar la primera. Cuando estudiaba abogacía en la UBA y trabajaba todo el día, se me hacía imposible mantenerme despierta en horario nocturno.
Recién es el primer día, que no termina, pero advierto que me está costando. Me da miedo perder, no poder organizarme y dejar de ver gente que quiero. Mientras escribo, pienso que de hecho me estoy adelantando porque seguro que cuando llegue a casa, voy a querer tirarme a leer, comer, ver un poco de tele y dormir.
La venganza será terrible del 19/03/2026
Hace 22 horas



No hay comentarios:
Publicar un comentario