martes, 23 de febrero de 2010
Tiramisú de Pomelo
Seguramente dice otra cosa, pero no logro ver qué. Mientras tanto me conformo con pensar que me dedicaron esta canción.
Vida rosa, sueños binarios, cuerpo irreal

Desde su primer prototipo -en el que representó un cuestionable modelo de adolescente- hasta la actualidad, la muñeca Barbie ha sido la inspiración de millones de mujeres y niñas alrededor del mundo. Sin embargo, este juguete genera reacciones opuestas: por un lado están quienes la consideran una influencia negativa por el estereotipo que representa y por sus proporciones corporales irreales, y por otro quienes ven en sus versiones un avance respecto al papel de la mujer en el ámbito profesional. Publicado en Urban@s en Red |
Mientras el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, critica a mansalva el uso de la Play Station y la Barbie por considerarlos “una cosa que envenena la mente de los niños”, la muñeca sigue liderando el ranking mundial en su especie. Se venden dos Barbies por segundo en alguna de los más de 150 países donde se comercializa.
Desde su lanzamiento en 1959 hasta el momento, cuenta con 125 versiones que van desde hobbies hasta profesiones. La última elegida, que será lanzada en los próximos meses, es la “Barbie Ingeniera en Informática”, una carrera generalmente pensada para varones. Mattel, la empresa fabricante, destacó en un comunicado que ha adoptado un nuevo método para seleccionar las nuevas profesiones de Barbie: sometió a consulta abierta a sus seguidores en Twitter y Facebook. Este nuevo procedimiento deja al descubierto las necesidades de miles de mujeres que buscan la igualdad en todos los ámbitos. “Barbie Ingeniera en Informática le mostrará a las niñas que las mujeres pueden convertir las ideas en realidad y tener un impacto positivo en la vida cotidiana de la gente”, destaca Nora Lin, de la Sociedad de Mujeres Ingenieras de Estados Unidos (Society Of Women Engineers – SWE) en un comunicado de prensa. El objetivo es que las futuras generaciones de mujeres exploren aún más el mundo de las nuevas tecnologías, espacio ocupado generalmente por hombres, y se conviertan en lideresas. Claudia Mauri, que lleva adelante la campaña “La discriminación no es un juego” sobre juguetes sexistas, destaca empero que “se trata de un tibio avance, que más se parece a un artificio publicista”. Y cuestiona, entre otras cosas, las proporciones irreales de la muñeca respecto a una mujer real. Tal es así que recién en el año 2000 se le incorporó el ombligo… Algunas críticas sugieren que el cuerpo de Barbie carece de la masa grasa necesaria para menstruar y concebir. También que estas proporciones irreales, largo cuello, grandes pechos, alta estatura y estrecha cintura, no las pueden asemejar ni las modelos, ni se conseguirían con cirugía estética. Lo más grave es que esta inquietud y el deseo por ser delgadas, se ha extendido a edades tempranas, en donde muchas niñas (a partir de los 6 años), que deberían preocuparse más por jugar, se preocupan por su figura, siendo éste un fuerte factor que conlleva más tarde al desarrollo de bulimia y/o anorexia. En investigaciones realizadas en la Universidad Flinders, se encontró que la mayoría de las niñas entre 6 y 7 años, expresan su deseo de ser flacas y ya conocen lo que significa una “dieta”, lo que puede poner en grave riesgo su salud, ya que indican que están dispuestas a seguirlas con tal de no engordar. “Estas figuras ultradelgadas provocan que las niñas ya no estén tan satisfechas con su propio cuerpo”, señala otro estudio de la Universidad de Sussex. Protesta a la mexicana Una de las protestas más originales contra lo que Barbie representa, tuvo como escenario la Alameda Central del Distrito Federal de México, donde el año pasado, con el apoyo del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad Nacional de México, el Museo Universitario y el Antimuseo, se presentó la muestra “Barbie Alterada”. Una serie de muñecas mutiladas, crucificadas sobre una escoba, con sobrepeso, enjauladas, vomitando (foto), congeladas dentro de un bloque de hielo y hasta vestidas de tehuanas, fueron algunas de las obras exhibidas, llamando la atención de decenas de transeúntes. La exposición estuvo instalada sobre una especie de carrito, proyecto de origen español promovido por Antimuseo, un centro portátil de arte contemporáneo cuyo objetivo es sacar de las cuatro paredes una exposición y volverla móvil, para tomar las calles con el arte. Las muñecas, invitaban a reflexionar “y convertir al público en un sujeto más pensativo en busca de su identidad”, según la organización. También la crítica pretendía replantear temas como el sobrecargo de trabajo femenino, la violencia de género y el crecimiento de los feminicidios. Eternamente joven… y rosa Sin embargo esta muñeca eternamente joven, es un estereotipo de mujer que todavía hoy se mantiene: un cuerpo completamente estilizado, un marido modelo, hijos, la casa, el auto, la estabilidad financiera y emocional. Pero ese paquete está lejos de parecerse a la realidad. “Además, en Europa ha surgido una campaña contra la rosificación, es decir el empleo del color rosa para identificar a las niñas, por ser un color que representa la debilidad, el amor romántico y la extrema sensibilidad”, agrega Mauri. El tono “rosa chicle” se relaciona inmediatamente con una Barbie, ya que es usado en cada producto de su línea. La Barbie Ingeniera en Informática no escapa a esa “rosa realidad”, agregando a su atuendo anteojos, vestimenta y accesorios de ese color. Pese a todo, todavía la muñeca Barbie representa esa vida en apariencia perfecta e inalcanzable. Es la pesadilla de millones de adolescentes que soñaron ser como ella de chicas. Hoy se encuentra en el mercado un enorme abanico de productos de la línea, que van desde los juguetes, vestimenta, accesorios, hasta productos informáticos, que son consumidos por al menos tres generaciones de mujeres. |
jueves, 18 de febrero de 2010
La patilarga
La clase fue igual que la anterior, tres “om” y se supone que una ya se encuentra conectada con su interior. Visualizar el cuerpo desde adentro como pide la profesora es para mi una ardua tarea. Me cuesta horrores concentrarme en algo, no puedo escapar a mis pensamientos. De los pies hacia la cabeza, al menos 5 minutos de concentración y se cierra la conexión con el cuerpo. Tal vez esté haciendo algo mal, pero juro que no puedo. Lo intento, pero no puedo.
Cuando llegó el momento de relajar la cabeza y mirar para un lado y para el otro repetitivamente la vi. Ahí se me fue lo poco de concentración que había logrado. Estoy segura de que me miraba, ella sabe que no me gusta que aparezca. Cada vez que volvía para su lado, seguía igual, inmutada. Si hubiera podido verle la cara, apuesto a que se estaba riendo de mi. Mientras se mantuviera quieta, podía seguir con la clase casi sin problemas.
¡Pero se tenía que mover nomás! Un poquito, después otro poquito, y un poco más. Se movía y yo ya ni me acordaba de que estaba en una clase de yoga. Buscaba la mirada cómplice de alguno de mis compañeros pero estaban todos mirando su propio cuerpo. Claro, es fácil cuando no tenés una patilarga haciéndote morisquetas.
Por suerte decidió que yo ya no era un buen blanco, se aburrió de mi y se fue. Caminó hacia la profesora, pero ahora era yo la que no le quitaba los ojos de encima, me quería asegurar de que se fuera para no volver más. En medio de una de las contorsiones en las que hay que llevar la mirada hacia atrás, la profesora la vio. Creo que abrió los ojos tanto como los tengo yo normalmente. Siempre dijeron que tengo ojos grandes, y es cierto. Menos mal que mi cara acompaña, sino me vería muy desproporcionada. Igual ahora me están fallando un poco y necesito anteojos para ver de lejos. La profesora me miró a mi, y yo le lancé mi mirada que dice “ya estaba al tanto”. Esa que levanta las cejas, abre los ojos y achina la boca. Tenía que ser la líder del grupo, después de eso disimuló bien que la tenía atrás.
Seguimos con la clase y yo no le quitaba los ojos de encima a la muy turra. A esa distancia ya no podía ver si era ella o una marca en la pared. Pensaba en que el ventilador podía cruzársele por el camino y devolverla directo a una parte de mi cuerpo. Debía estar atenta a ese momento. Pero no, se quedó atrás de la profesora, sentada sobre el marco de la puerta. Me miraba, lo sentía. Pero se quedó ahí, hasta que terminamos la clase. Después del “om” final me quedé con las ganas de decirle a la profesora: “por favor, otra vez arañas no”.
sábado, 13 de febrero de 2010
Un flechazo contra San Valentín

Por Laura Peker
El libro Te pido un taxi es una radiografía de un segmento de la amorosidad actual de mujeres urbanas, profesionales y treintañeras, escrita por Fernanda Nicolini y Mercedes Halfon, que más que buscar un happy end con la chica vestida de blanco revaloriza la amistad y las redes entre mujeres. Ellas, además, denuestan a San Valentín, no sólo por ser una festividad marketinera e importada, sino porque sienten que “está hecha para hacer sentir mal” y creen que en ese combo también está el sexo vendido como consumo.
Los sombreros de brujas –mal reconocidas como malditas, cuando fueron sabias, y no sabemos si tuvieron verrugas o la historia necesitó afearlas para tapar su ancestral sabiduría– se escapan de los negocios porteños en Halloween. También en San Patricio el Bajo porteño se disfraza de Irlanda para llenar de cerveza la pantalla del noticiero que muestra a chicos y chicas con la boca abierta, para que la señora de su casa diga “la juventud está perdida” y la imagen de la mañana siguiente con botellas y alguno que se olvidó la dirección de su casa tirado por la calle le den el sí a su propia razón. En el nuevo calendario de fechas importadas, San Valentín no es la única fiesta del marketing ajeno, pero es una patada ahí, donde todo cala: sí, en los corazones que se reproducen como conejos y encima están flechados –como si el flechazo, a esta altura, no fuera un símbolo, al menos, demodé de la victoria de la cruzada de Cupido sobre el cuerpo femenino– en cada vidriera, negocio, sex shop o restaurante que invita a los enamorados –que los hay, los hay– pero, igual que en las fiestas de fin de año, nadie dice que no haya familias, pero sí que el ritual del chin chin les duele más a los/las que conviven con un duelo o diversos desamparos que a los/las que se empachan de vithel toné y listo. Pero no terminamos de sacarnos el arbolito de Navidad del living (¿del amor?) que ya viene el tren de corazones no sólo para importar un negocio, encima, para aumentar otro: el de las que se sienten frágiles, abandonadas, solas, descolgadas, insatisfechas o incompletas por no tener un chocolate para morder en otra boca en el tan acorazado 14 de febrero.
“San Valentín es una fiesta para hacer sentir mal, no para hacer sentir bien”, deshace Fernanda Nicolini el rojo furioso con el que iluminan las vidrieras febriles de verano y Mercedes Halfon no destila más ingenuidad: “Para hacerte sentir mal cuando estás soltera”. Las dos hablan como escriben, juntas, aunque sean tan distintas como el clásico de la rubia –Fernanda– y la morocha –Mercedes– y Fernanda apunte a un cinismo que resguarda su solidaridad no ostentosa y Mercedes acumule en un cuerpo chiquito de chica pin-up ideas que alejan a la cultura de la crueldad y, tal vez por eso, se animan –con todas sus iniciativas de periodistas de oficio y poetas subterráneas– a hablar de eso que otras chicas cultas quisieran sacarse de encima, como una marquesina que puede ligarlas a un lugar común, tan común como comúnmente sucede: el amor, el desamor, el fracaso, el desencuentro. Pero, por sobre todas las cosas, como dijo el escritor Pedro Mairal, al presentar el libro Te pido un taxi, de Editorial Plaza&Janés, la revalorización de la amistad femenina.
Como la de ellas, simbióticas, opuestas, complementarias, compañeras. Eso: compañeras. Mercedes y Fernanda tienen 30 años. Mercedes escribe en Radar –de Página/12–, ganó el Premio Estímulo de Periodismo de TEA y publicó el libro de poesías Dormir con lo puesto. Fernanda es redactora del diario Crítica y también tiene un libro de poesías: Ruta 2. Las dos –juntas– hacen el blog autobombo.blogspot.com y las dos escribieron –entre Lobos, Buenos Aires, bares, departamentos y Mar del Plata– Te pido un taxi, un libro que describe más allá de dos historias –como las de ellas– una radiografía de la compleja trama de la amorosidad contemporánea. Y las dos se animan a derribar mitos. “San Valentín es una gran confusión”, destruye Mercedes. “En realidad, un poeta escribió algo sobre un casamiento y se lo dedicó a San Valentín. Por eso piensan que es el santo del amor, pero no había ni casado a nadie, es una confusión”, revela Mercedes. Y gritan con Fernanda: “¡Por eso nosotras queremos reivindicar a San Antonio, que es el santo del amor de acá!”.
Fernanda: –El amor y la pareja es lo más íntimo que tenés en tu vida. Vos podés llegar a festejar por tu aniversario. Es un contrasentido que tengas que festejar en público y a nivel masivo algo que es totalmente íntimo. Es una lógica publicitaria: masifiquemos el consumo del amor. ¿Cómo es el amor? Un corazón de peluche. Y no hay cosa que atente más contra el amor que estandarizarlo.
–¿Y el peluche atenta contra el amor?
Fernanda: –No sólo atenta contra el amor, sino que es una idea del amor adolescente. Es un amor aprendido del cine y la literatura. Es una idea de amor, no es un amor de construcción y de práctica. Y la publicidad de San Valentín trabaja con eso: con lo aspiracional, algo que querés tener y no podés.
Mercedes: –Los enamorados están enamorados: son una unidad mínima. Hacer de eso una festividad nacional es hacer de eso una apariencia, mostrar que tenés alguien para ir a comer a un lugar...
–Es como el exhibicionismo –que simboliza Ricardo Fort– de mostrar más que de ser...
Fernanda: –Sí, la ostentación de “yo tengo algo que vos no tenés” porque los que lo tienen no necesitan salir a mostrar nada. Es muy violento para las solteras o los solteros –que no es una enfermedad– estar exhibiendo el amor como mercancía.
–¿Y esa frustración es más fuerte en las mujeres que –visible o sutilmente– tienen el mandato de conseguirse un novio?
Fernanda: –Sí, cualquier cosa que te genere frustración te tira para abajo.
–¿Qué simboliza en el imaginario amoroso actual Te pido un taxi?
Fernanda: –Una amiga tiró “Te pido un taxi” y todas dijimos “sííííí”. Y a partir del título, que era un lugar común que resumía la frustración y el fracaso, se generó el punto de vista de la novela. Una mujer moderna puede decir “Te pido un taxi” imperativamente. Además, es la frase que clausura cualquier posibilidad. Si una hora antes existía alguna posibilidad de amor, sexo, cualquier cosa, “Te pido un taxi” define que después de eso no hay nada más. Es la frase que clausura: hasta acá llegamos.
–¿En qué lugar se ubican ustedes en la amorosidad actual, donde hay libertad pero también mucha vergüenza de sentirse identificadas, en algunos momentos de la vida, con esas chicas que quieren una relación y sienten que los varones se volvieron fóbicos?
Fernanda: –En principio, queríamos que la novela no fuera una típica comedia romántica o literatura de chicas como Bridget Jones o Sex and The City.
Mercedes: –Nosotras veíamos que esta literatura o los blogs no se diferencian mucho de la literatura del siglo XIX, donde, para todos los sinsabores que pasa la mujer, está la píldora salvadora que es el amor cuando aparece el chico indicado. Y cuando la mujer tiene a su bebé siente que todos sus problemas se terminaron. Incluso, las que supuestamente son más críticas, como Bridget Jones, también terminan con sus problemas cuando encuentran al chico al que no le molesta que ella sea gorda.
–¿Se retoma la idea anterior a la liberación femenina, de que no hay realización posible sin un hombre al lado?
Mercedes: Como que, al fin y al cabo, todo se cuenta de la misma manera que en el siglo XIX. Por eso, nosotras nos propusimos ser sinceras con lo que nos pasa alrededor, pero no hacer el final que ella se enamora y se casa.
Fernanda: –Obviamente la posibilidad de enamorarse y tener una pareja estable está todo el tiempo presente en la novela, pero no como la fórmula salvadora. Hay un personaje (Julia) que no está buscando el amor, sino que lo redefine a partir de un fracaso y eso nos parece mucho más real. Y el otro personaje (Bárbara) tiene muchos hombres pero ninguno le termina de cerrar, pero no es porque ella es fea o gorda o los típicos estereotipos de que la mujer no llena los casilleros de la belleza actual. Su insatisfacción es no encontrar al tipo.
–¿Ustedes creen que esta insatisfacción es porque en Argentina hay un mandato social de casarse y tener hijos que sigue presionando a las mujeres? ¿O porque realmente el amor en esta época es más esquivo y eso duele?
Fernanda: –Hoy, entre los veinte y los treinta, hay una licencia social para que estés a la par del varón: estudies, trabajes, pruebes muchos hombres, muestres tu potencia. Pero a los treinta ya tenés que tener certezas: no podés seguir probando con este o con otro y empieza, indefectiblemente, el reloj biológico. En cambio a un tipo que tiene entre treinta y cuarenta no se le exige una estabilidad emocional. Ellos pueden seguir pensando que “algo mejor está por venir”.
Mercedes: –Hay diferencias biológicas, culturales, sociales y familiares que se arrastran de siglos. Y siempre hubo literatura femenina, pero en todos los géneros se puede hacer algo bueno. Orgullo y prejuicio, de Jean Austen, habla todo el tiempo del casamiento y es increíble por un montón de cosas.
Fernanda: –Yo creo que lo interesante es encontrar la narratividad de un discurso particular de la mujer y no sé si para el hombre es igual. Vos conocés a un chico y podés estar cuatro horas contándole a una amiga ese encuentro. Hay una mirada femenina del detalle y los matices, de una observación muy aguda de las conductas humanas, que es muy potente a nivel narrativo.
–En el libro aparece la palabra “chongo”, que marca una categoría que no es ni de sexo casual ni de un novio. ¿Por qué se incluye una definición que viene del mundo gay al universo femenino?
Fernanda: –Es verdad que la palabra “chongo” viene del mundo gay y no sé bien por qué, pero tiendo a pensar que el mundo gay tiene más libertad en los vínculos y las mujeres, para poder tener este tipo de relaciones, tuvimos que importar esa palabra porque no se nos permitía tener una palabra propia. Un pibe dice “Tengo una minita”. Pero si una chica dice “Tengo un tipo”, parece que tenés un tipo que te mantiene. Es bastante sintomático tener que importar una palabra.
–¿Qué pasa con la sexualidad actual, donde están promovidos los juguetes, la performance y donde venden hebillas hay un sector de sex shop para estimular la pasión?
Fernanda: –¡Qué aburrido! ¿Viste cuando te dicen el sexo en el ascensor, el sexo en la cocina? ¿Por qué? ¡Si no hay nada más cómodo que tener sexo en la cama! Yo creo que el sexo también está valorizado como consumo.
Mercedes: –El sexo fugaz, para mí, atenta contra el buen sexo.
Fernanda: –No hay por qué censurar situaciones de sexo fugaz. Hay que tener la libertad de elegir tener sexo sin comprometerse, pero también hay que tener la valentía de decir “No hay nada mejor que el sexo con amor”, sin que se entienda como algo conservador. Es una elección.
jueves, 11 de febrero de 2010
Permiso, Principiante Pasando
Y si no nos conocen por eso ¿Qué me importa?
Estar en pareja implica un esfuerzo mutuo diario y saber de qué color son mis ojos no cambia lo que pueda suceder. Tener un compañero o compañera requiere de atención, de escucha, de comprensión, y principalmente, de lo que el mismo nombre dice....compañía. Sin embargo uno/a puede estar acompañado/a y sentirse solo/a.
No sentirse parte de la vida del otro, no sentir que el otro se involucra en nuestra propia vida, lleva a las parejas al fracaso.
Repito, prefiero que miren más allá de mis ojos sin prestarle atención al color, a que sepan qué tenía puesto en la primera cita.
Muchos hombres conocen poco y nada a sus esposas
Ignoran datos como el color de ojos, el día del cumpleaños y su cargo en el trabajo.
Clarín último momento
"Estamos casados desde hace cuarenta años y mi marido todas las mañanas me pregunta si quiero café. Qué amable, pensará usted. Pero es una pena que yo no pueda tomarlo porque me da dolor de estómago". Por más que las parejas se sienten todos los días delante de la misma mesa para desayunar, almorzar y cenar, los hombres parecen no saber nada de sus compañeras.
Tal como indica el "Daily Mail", según un estudio realizado, millones de ingleses no conocen a su pareja y no saben decir ni qué color de ojos tienen ellas. Esta completa falta de atención de parte de ellos es, de hecho, uno de los motivos que conducen con el tiempo a la inevitable ruptura de la pareja. Un sondeo a dos mil hombres realizado en el interior de algunos comercios de Londres, como por ejemplo perfumerías, reveló, de hecho, que el 12% no sabe el color de ojos de su amada, que el 10% ignora el día de su cumpleaños y que cerca del 18% no tiene ni idea cuál es el color natural de su cabello. Además, uno de cada tres no está en condiciones de decir cuál es su perfume favorito. Muchos tienen también graves problemas con el talle y, algo más grave aún, no saben exactamente cuál es su cargo en el trabajo o el nombre de su mejor amiga. Esta "ignorancia" causa a los hombres no pocos problemas, sobre todo cuando se traga de hacer regalos. Los investigadores vieron que al menos el 27 por ciento de los novios había comprado vestidos de un talle equivocado. De todos modos, la mayoría de ellos admitió que las mujeres prestan más atención a los detalles. Según la especialista en Relaciones, Francine Kaye, eso que para una mujer es importante, puede ser poco relevante para un hombre.Kaye agregó al respecto: "Si queremos que se acuerden de determinados detalles, es preciso recordárselos. Con los hombres no es necesario usar subtítulos. Hay que decir siempre las cosas de modo claro. Si queremos, por ejemplo, algo para el Día de San Valentín, debemos decirlo".
miércoles, 10 de febrero de 2010
Linda!

Desde hace poco más de dos años comencé a subir de peso. Obviamente no fue planeado porque tampoco lo necesitaba por una cuestión de salud, más bien debía bajar un poquito. Pero el invierno del 2007 fue tan frío que lo que me pasó me dejó vacía, y qué mejor que llenar las penas con chocolates y comida casera. Cuando llegó la primavera y el Sol comenzó a quedarse un rato más conmigo, lo peor había pasado.
Una no se da cuenta de que cuando sube de peso desmedidamente pierde otras cosas. Basta con encontrar remeras sueltas para disimular y seguir comiendo. Es tan placentero ese momento que parece que se llena un agujero negro. Así se fueron al fondo del cajón las remeras ajustadas y escotadas, y los vestidos provocadores.
Me dejé, me dejé estar. Cada tanto me miraba y encontraba un rollo nuevo, pero qué importaba. Claro que siempre hay límites, tampoco me convertí en una bola de boliche che! Simplemente me rellené.
Un día me di cuenta que ya la gente no me miraba por la calle, que los hombres jóvenes rara vez lanzaban una mirada tentativa y que los piropos sólo venían de los obreros que estaban en un descanso. Algo pasaba.
Yo no sirvo para las dietas. Eso de pesar cada gramo, planificar cada comida es un fiasco. Nunca pude llevar adelante una dieta equilibrada como era debido. A mediados del año pasado fui por primera vez a una nutricionista, pero el papel duró colgado en la pared 40 veces más que el tiempo que le presté atención.
Pasaron tres veranos desde ese invierno de 2007. Ropa suelta, hombros al aire, polleras que pasaron de minis a polleras comunes. Todo cambió en mi vestuario. Hasta ahora.
Voy a ser redundante en muchas cosas hasta que describa la totalidad de mi crecimiento. Como dice mi perfil, me estoy redescubriendo. Desechando lo malo, perfeccionando lo bueno. Si todo lo feo aparece por algo, estoy segura que no tiene que pasar inadvertido. Ya bajé 4,5 kilos desde que decidí cambiar. Y no es por hacerme la linda, pero...me siento divina.
La ropa que ya no me entraba, calza perfecto al límite de quedar suelta. Volví a las polleritas y los vestiditos, desempolvé los aros, emprolijé el pelo y le saqué las telarañas a los zapatos. Ahora me vuelven a mirar lo que habían dejado de hacerlo y me siento deseada. Verse linda por fuera implica también sentirse bien por dentro. De nada me serviría bajar de peso y seguir pensando igual.
Con todo esto estoy lejos de convocar a una "anorexeada" masiva. Todo lo contrario. Lo que hay que buscar es un equilibro. No todo es blanco o negro, los grises son más armoniosos y también combinan con todo. La medida justa es la de una, no hay recetas a seguir.
Hoy no podría estar más linda si por dentro no me sintiera segura de mi. Al que no le guste, que no mire. Yo soy así.


